Artemis dos: Primero la luna, después marte - Reseña crítica - 12min Originals
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Artemis dos: Primero la luna, después marte - reseña crítica

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Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

Editorial: 12min

Reseña crítica

Cincuenta y tres años. Ese es el tiempo que separa la última vez que seres humanos estuvieron cerca de la Luna del momento en que cuatro astronautas deben despegar del Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo de la misión Artemis dos. El lanzamiento está programado para el primero de abril de dos mil veintiséis, a las cinco y veinticuatro de la tarde, hora del este de Estados Unidos. Si todo sale según lo planeado, será el inicio de un viaje de diez días alrededor de nuestro satélite natural... y el primer paso concreto de un plan que apunta mucho más lejos: Marte.

Pero antes de mirar hacia adelante, vale la pena entender por qué nos demoramos tanto en volver.

La última vez que alguien pisó la Luna fue en diciembre de mil novecientos setenta y dos, durante la misión Apollo diecisiete. Después de eso, la exploración espacial tripulada se concentró en la órbita baja de la Tierra... estaciones espaciales, transbordadores, la Estación Espacial Internacional. La Luna quedó en un segundo plano. No por falta de interés, sino por una combinación de presupuestos ajustados, prioridades políticas que cambiaban con cada gobierno y una pregunta que nunca tuvo respuesta fácil... ¿por qué gastar miles de millones para volver a un lugar donde ya estuvimos?

La respuesta que la NASA ofrece ahora es diferente de la que motivó el programa Apollo. En los años sesenta, el objetivo era llegar antes que los soviéticos. Plantar una bandera, demostrar superioridad. Era una carrera de velocidad. El programa Artemis, al menos en teoría, es una carrera de resistencia. El plan no es visitar la Luna e irse. Es quedarse. Construir infraestructura. Probar tecnologías. Y usar todo eso como plataforma de lanzamiento hacia Marte.

Artemis dos es la segunda etapa de ese plan. La primera fue Artemis uno, en noviembre de dos mil veintidós, cuando la cápsula Orion hizo el mismo recorrido... alrededor de la Luna y de vuelta... pero sin nadie adentro. Fue un vuelo de prueba. Ahora, la Orion llevará a cuatro personas... Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen. La tripulación marca hitos simbólicos importantes... la primera mujer y la primera persona negra en viajar hasta la región lunar, además del primer astronauta no estadounidense en una misión de este tipo.

La misión no va a aterrizar en la superficie. El objetivo es probar los sistemas de soporte vital, comunicaciones y navegación de la Orion con personas reales a bordo. Piénselo así... Artemis uno fue el ensayo general con el teatro vacío. Artemis dos es la noche de estreno, pero con una función más corta. El espectáculo completo... el aterrizaje... queda para después.

Y ese después se ha ido aplazando cada vez más.

El programa Artemis ha acumulado años de retraso y decenas de miles de millones de dólares en sobrecostos. Una auditoría de la Oficina del Inspector General de la NASA calculó que la agencia gastó aproximadamente noventa y tres mil millones de dólares en el programa entre dos mil doce y dos mil veinticinco. Cada lanzamiento del cohete SLS y la cápsula Orion cuesta alrededor de cuatro mil cien millones de dólares. El propio Inspector General de la NASA calificó esa cifra como insostenible en su testimonio ante el Congreso estadounidense.

Para ponerlo en perspectiva... con cuatro mil millones de dólares se podrían construir unos ocho hospitales de gran tamaño en Estados Unidos. O financiar el presupuesto anual completo de salud de varios países.

Los retrasos tienen una historia larga. El programa que dio origen a Artemis comenzó allá en los años dos mil, bajo el gobierno de George W. Bush, con la meta de volver a la Luna para dos mil veinte. Obama redirigió el enfoque hacia Marte. Trump trajo de vuelta la Luna con una meta de aterrizaje en dos mil veinticuatro. Esa meta nunca fue realista... expertos del propio sector espacial ya lo decían en ese momento. Ahora, en dos mil veintiséis, estamos viendo despegar la segunda misión del programa... todavía sin aterrizaje.

Y hay un problema técnico que nadie ha logrado resolver por completo.

Cuando la Orion regresó de Artemis uno, en dos mil veintidós, los ingenieros encontraron un daño inesperado en el escudo térmico de la cápsula. El escudo está hecho de un material llamado Avcoat, que funciona como una capa de sacrificio... se va quemando de manera controlada mientras la nave atraviesa la atmósfera, absorbiendo el calor extremo para proteger a quienes están adentro. En teoría, esa capa debería desgastarse de forma uniforme. En la práctica, pedazos grandes se desprendieron de manera irregular, dejando huecos en el escudo.

La nave estaba vacía, así que nadie corrió peligro. Pero la pregunta que quedó fue... ¿y si esto ocurre con personas adentro?

La NASA investigó el problema durante más de un año y concluyó que la causa fue la acumulación de gases dentro del material durante el reingreso. La solución elegida no fue cambiar el escudo... eso habría retrasado la misión varios años. En cambio, la agencia modificó la trayectoria de regreso. En Artemis uno, la Orion usó una técnica llamada reingreso por salto... la cápsula se sumergía en la atmósfera, rebotaba de vuelta al espacio y luego se sumergía de nuevo. En Artemis dos, el plan es un reingreso directo, más inclinado, que expone el escudo a temperaturas extremas durante menos tiempo. Esto reduce el riesgo de acumulación de gases, pero aumenta la desaceleración que la tripulación va a experimentar.

La NASA dice que confía en el resultado. Los críticos dicen que la agencia está apostándole a la suerte. Un experto en materiales avanzados e ingeniero de escudos térmicos señaló que el material usado en la Orion fue adaptado de una tecnología de la era Apollo, pero con diferencias estructurales que no se han probado lo suficiente en condiciones reales de reingreso lunar. Y hay un detalle que complica las cosas... el escudo de Artemis dos es menos poroso que el de Artemis uno, lo que significa que los gases podrían acumularse incluso más rápido.

También está el factor del clima espacial. El Sol atraviesa un período de alta actividad, lo que eleva los niveles de radiación en el espacio profundo. La Orion tiene blindaje contra radiación, pero nunca se ha probado con tripulación en un viaje de estas características. Es una variable más en una ecuación llena de incógnitas.

Todo esto ocurre en un contexto geopolítico que le añade urgencia al programa.

China planea enviar astronautas a la Luna antes de dos mil treinta. Y a diferencia de la NASA, que acumula retrasos, el programa espacial chino tiene un historial de cumplir cronogramas. En dos décadas, China pasó de su primer astronauta en órbita a construir su propia estación espacial, Tiangong, que... cuando la Estación Espacial Internacional sea retirada en dos mil treinta... será la única estación orbital tripulada del mundo. China también recolectó muestras del lado oculto de la Luna con su misión Chang e seis... algo que ningún otro país ha logrado.

El hardware chino avanza de manera constante. Un nuevo cohete de carga pesada, el Long March diez, está en desarrollo. Una cápsula de nueva generación, la Mengzhou, hará su primer vuelo sin tripulación el próximo año. Y un módulo de aterrizaje lunar, el Lanyue, ya completó pruebas de aterrizaje y despegue en tierra.

En una audiencia del Senado estadounidense, el exadministrador de la NASA Jim Bridenstine dijo que, a menos que algo cambie, es muy improbable que Estados Unidos logre aterrizar en la Luna antes que China. Otros expertos fueron más lejos... argumentaron que el país que aterrice primero definirá las reglas del juego en el espacio durante las próximas décadas.

No se trata solo de banderas y prestigio. El polo sur lunar, donde tanto estadounidenses como chinos planean aterrizar, podría contener grandes depósitos de hielo de agua. El agua en la Luna no es solo un recurso para que los astronautas beban. Separada en hidrógeno y oxígeno, se convierte en combustible para cohetes. Si fuera posible producir combustible en la Luna en lugar de transportar todo desde la Tierra, el costo de cualquier misión al espacio profundo se reduciría drásticamente. Es como tener una estación de servicio en medio de una carretera que llega hasta otro continente.

Por eso la economía espacial se ha convertido en tema de informes financieros. Un estudio del Foro Económico Mundial y la consultora McKinsey proyectó que la economía espacial global podría alcanzar un billón ochocientos mil millones de dólares para dos mil treinta y cinco, triplicando los seiscientos treinta mil millones de dos mil veintitrés. PwC estimó que las actividades en la superficie lunar... minería, turismo, infraestructura... podrían generar entre noventa y cuatro mil y ciento veintisiete mil millones de dólares acumulados entre dos mil veintiséis y dos mil cincuenta.

Pero conviene mantener las expectativas con los pies en la tierra.

Esas cifras dependen de avances tecnológicos que todavía no han ocurrido. La minería lunar, por ejemplo, es viable en teoría, pero nadie ha extraído nada de la Luna a escala comercial. Y el entorno regulatorio es un desorden. El Tratado del Espacio Exterior de mil novecientos sesenta y siete dice que la exploración espacial debe realizarse en beneficio de toda la humanidad. Pero, ¿qué significa eso en la práctica cuando una empresa privada empieza a extraer recursos? Estados Unidos y Luxemburgo han aprobado leyes que permiten a las empresas apropiarse de los recursos extraídos en el espacio. Rusia y China argumentan que eso viola el tratado. No existe un tribunal espacial para resolver la disputa.

Y luego está la cuestión del dinero público. Cada dólar gastado en Artemis es un dólar que no se destina a infraestructura terrestre, salud o educación. Los críticos señalan que hay puentes deteriorándose, que la red eléctrica estadounidense es frágil y que millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria. Los defensores del programa responden que la exploración espacial genera innovación tecnológica que permea toda la economía terrestre... y que renunciar al liderazgo espacial es renunciar a la influencia geopolítica.

La verdad es que ambas partes tienen razón, y ninguna tiene la respuesta completa.

Lo que sabemos es lo siguiente. Si Artemis dos despega con éxito mañana, será la primera vez en más de medio siglo que seres humanos se alejan tanto de la Tierra. Se espera que la tripulación recorra aproximadamente un millón cien mil kilómetros y alcance una distancia más allá de la Luna que ningún ser humano ha logrado antes. Durante diez días, los astronautas pondrán a prueba cada sistema de la Orion en condiciones reales... soporte vital, navegación, comunicaciones. Es una prueba que tiene que salir bien para que todo lo que viene después tenga alguna posibilidad de concretarse.

Después de Artemis dos, el calendario prevé Artemis tres como un vuelo de entrenamiento en órbita terrestre en dos mil veintisiete, seguido de Artemis cuatro, que sería el aterrizaje lunar propiamente dicho, a comienzos de dos mil veintiocho. Muchos expertos consideran ese cronograma demasiado optimista. El periodista Eric Berger, de Ars Technica, quien cubre el programa de manera extensa, dijo que se necesitaría una cadena de milagros para que el aterrizaje ocurra en dos mil veintiocho.

Mientras tanto, la administración Trump ha propuesto recortar el presupuesto de la NASA a dieciocho mil ochocientos millones de dólares y terminar con el uso del cohete SLS y la cápsula Orion después de Artemis tres, transfiriendo las misiones futuras a cohetes comerciales como el Starship de SpaceX y el New Glenn de Blue Origin. El Congreso, por su parte, asignó miles de millones adicionales a través del llamado One Big Beautiful Bill para mantener el programa con vida. La disputa entre la Casa Blanca y el Congreso sobre el futuro de Artemis sigue sin resolverse.

Lo que está en juego va más allá de la tecnología y los presupuestos. La Luna se está convirtiendo en un territorio de disputa geopolítica, económica y jurídica. Quien llegue primero tendrá ventaja a la hora de establecer normas, reclamar recursos y atraer socios internacionales. Artemis dos no es el final de nada. Es el primer movimiento de un juego que va a durar décadas.

Y mañana, si todo sale bien, cuatro personas se van a abrochar los cinturones dentro de una cápsula en la punta del cohete más potente jamás construido... y van a partir rumbo a la Luna por primera vez en más de cincuenta años.

Buen viaje.

Qué hacer con esta información

La misión Artemis dos no es solo una noticia de ciencia. Toca temas de inversión, geopolítica, regulación internacional y prioridades de gasto público. Dependiendo de en qué punto se encuentre usted, hay caminos diferentes para convertir esta información en acción.

Escenario uno... Si usted invierte o está pensando en invertir

La economía espacial está saliendo del terreno de la ciencia ficción y entrando en los informes de bancos y consultoras. Existen ETFs especializados en el sector, como ARKX y UFO, que agrupan empresas vinculadas a satélites, lanzamientos e infraestructura espacial. Empresas como Rocket Lab, Intuitive Machines y Lockheed Martin están directamente involucradas en el programa Artemis. La proyección de que el sector podría triplicar su tamaño en diez años resulta atractiva, pero el riesgo es proporcional. Las misiones se retrasan, los contratos cambian, los gobiernos recortan presupuestos. Si el tema le interesa, empiece por estudiar el sector antes de destinar capital. Es una inversión de largo plazo, no una oportunidad rápida.

Escenario dos... Si usted sigue la geopolítica

La carrera espacial entre Estados Unidos y China no se trata de banderas en la Luna. Se trata de quién va a dictar las reglas de uso comercial del espacio, quién va a atraer socios internacionales y quién va a controlar recursos estratégicos como el hielo lunar. Seguir el cronograma real de las misiones... no el anunciado, sino lo que efectivamente ocurre... es una forma de medir el equilibrio de poder entre las dos potencias. Si China aterriza antes que Estados Unidos, el impacto se sentirá en acuerdos comerciales, alianzas de defensa e inversiones en tecnología.

Escenario tres... Si usted trabaja en tecnología o ingeniería

El ecosistema espacial se está diversificando. Ya no son solo los ingenieros aeroespaciales quienes encuentran oportunidades. Profesionales de software, inteligencia artificial, robótica, materiales avanzados e incluso logística están siendo absorbidos por el sector. SpaceX por sí sola emplea a más de trece mil personas. Si la idea de trabajar en un sector en expansión con desafíos técnicos extremos le resulta atractiva, vale la pena empezar a mapear las empresas y las competencias que el mercado está buscando.

Escenario cuatro... Si a usted le interesa la política pública

El debate sobre Artemis es también un debate sobre prioridades presupuestarias. Cerca de cien mil millones de dólares en dinero público se han invertido en un programa que hasta ahora ha completado un único lanzamiento sin tripulación. ¿Es inversión en innovación o desperdicio? La respuesta depende de sus valores y de su evaluación sobre el retorno que esa inversión le genera a la sociedad. Lo importante es que el debate se base en datos, no en entusiasmo ni en cinismo.

En cualquier escenario

Artemis dos es un evento que vale la pena seguir en tiempo real. La NASA va a transmitir el lanzamiento en vivo, de forma gratuita, por YouTube y NASA TV. Sin importar lo que usted piense sobre el programa, ver a seres humanos partir rumbo a la Luna por primera vez en más de cincuenta años es el tipo de acontecimiento que solo ocurre una vez en la vida. O dos, si usted tiene la edad suficiente para recordar el Apollo.

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