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Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro:
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Editorial: 12min
Usted llenó el tanque el lunes y pagó un precio. El martes, otro. El miércoles, otro. Y ninguno de esos cambios tuvo que ver con Ecopetrol, ni con el IVA, ni con la tasa de cambio. Tuvo que ver con un estrecho de cuarenta y ocho kilómetros de ancho, a doce mil kilómetros de distancia, por donde pasa el veinte por ciento del petróleo que se comercia en el mundo — y sobre el cual casi nadie tiene control. El Estrecho de Ormuz, encajado entre Irán, los Emiratos Árabes Unidos y Omán, se convirtió en las últimas semanas en el punto más volátil del planeta. En los últimos cinco días fue abierto, cerrado, tiroteado, bloqueado y disputado — mientras un cese al fuego que debía expirar el martes se prorrogó en el último minuto, se hicieron fortunas en plataformas de apuestas minutos antes de los anuncios oficiales, y dos buques cargueros fueron incautados por la Guardia Revolucionaria de Irán. Esto fue lo que pasó, por qué importa y qué hay que vigilar.
Para entender lo que ocurrió esta semana hay que devolverse al ocho de abril. Ese día, Estados Unidos e Irán acordaron un cese al fuego de dos semanas, mediado por Pakistán en Islamabad. El acuerdo suponía la suspensión de ataques directos y, en teoría, la reapertura del Estrecho de Ormuz al tráfico comercial. En la práctica, poco cambió. El bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes siguió vigente. El tránsito de buques por el estrecho se mantuvo en niveles mínimos comparado con antes de la guerra. Y la primera ronda de negociaciones entre el vicepresidente JD Vance y el canciller iraní Abbas Araghchi, en Islamabad, terminó sin acuerdo. Washington pidió una pausa de veinte años en el enriquecimiento de uranio. Teherán ofreció cinco. La brecha era tan grande que el resto de la agenda — proxies regionales, sanciones, Hezbollah, los Houthis — apenas se tocó.
Entonces llegó el fin de semana. El viernes diecisiete de abril, Araghchi declaró el Estrecho de Ormuz "completamente abierto" durante un cese al fuego separado con Líbano, que también entró en vigor ese día. El precio del barril de Brent se desplomó más de nueve por ciento, cayendo por debajo de noventa y un dólares — el nivel más bajo desde el diez de marzo. Los buques empezaron a cruzar. Analistas de tráfico marítimo describieron la noche del viernes como la más activa desde el inicio de la guerra. El alivio duró menos de veinticuatro horas. El sábado, Trump se negó a levantar el bloqueo naval. Irán respondió cerrando el estrecho otra vez. Varios barcos fueron recibidos con disparos y obligados a dar media vuelta. El domingo, la Armada estadounidense le disparó al buque iraní Touska en el Golfo de Omán y lo incautó. Trump calificó las acciones de Irán como una "violación total del acuerdo de cese al fuego". Irán llamó a la incautación del Touska "piratería" y "terrorismo de Estado".
Ese era el escenario cuando el cese al fuego debía vencerse el martes veintidós de abril. Por la mañana, Trump le dijo a CNBC que no quería prorrogarlo. "Espero estar bombardeando", dijo, "porque me parece que esa es la mejor actitud para entrar a negociar." Horas después, tras reunirse con su equipo de seguridad nacional en la Casa Blanca, cambió de opinión. Publicó en Truth Social que prorrogaría el cese al fuego de manera indefinida, a solicitud del primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif y del jefe del Ejército paquistaní, el Mariscal de Campo Asim Munir. La tregua continuaría "hasta que los líderes iraníes presenten una propuesta unificada y las conversaciones concluyan, de una forma u otra." El bloqueo naval seguiría activo. El viaje de Vance a Islamabad se canceló. Irán dijo que no asistiría a la mesa de negociación.
La dinámica interna en Teherán ayuda a entender el estancamiento. El liderazgo iraní está atrapado en una pugna entre dos bandos. De un lado, los negociadores civiles — el presidente del Parlamento, Ghalibaf, y el canciller Araghchi — que defienden seguir con la diplomacia y buscar una salida negociada. Del otro, la cúpula de la Guardia Revolucionaria bajo el mando del general Ahmad Vahidi, que rechaza cualquier concesión mientras el bloqueo persista. La incautación del Touska profundizó esa fractura: los comandantes de la Guardia acusaron al equipo negociador de debilidad. Mahdi Mohammadi, asesor de Ghalibaf, publicó en X que la prórroga "no significa nada", que "el lado perdedor no puede imponer condiciones" y que el cese al fuego extendido era "una maniobra para ganar tiempo antes de un ataque sorpresa". Mientras tanto, un corresponsal de Al Jazeera en Teherán ofrecía otra lectura: desde la muerte del exlíder supremo Ali Khamenei, su hijo Mojtaba Khamenei dirige un círculo interno cohesionado que lleva quince años trabajando junto. Las fracturas que Trump ve desde Washington quizás no corresponden con lo que realmente sucede adentro del régimen.
Mientras la diplomacia giraba en el vacío, el Estrecho de Ormuz seguía funcionando como un campo de batalla silencioso. El miércoles veintidós de abril — horas después de la prórroga — la Guardia Revolucionaria iraní incautó dos buques cargueros en el estrecho: el MSC Francesca, de bandera panameña, y el Epaminondas, de bandera liberiana. Un tercer buque, el Euphoria, también fue atacado. El pretexto: "violaciones marítimas." El mensaje real: ningún barco pasa por el estrecho sin autorización de Irán. Y la crisis energética, que ya era la más grave desde los años setenta, sumó un capítulo más. El Brent volvió a superar los cien dólares por barril. En Estados Unidos, el galón de gasolina regular llegó a cuatro dólares con cinco centavos — más de un dólar por encima del precio antes de la guerra. En India, las filas por gas de cocina se volvieron cosa de todos los días. Filipinas declaró estado de emergencia energética nacional. El director de la Agencia Internacional de Energía calificó la situación como "el mayor desafío de seguridad energética de la historia". Colombia, que importa parte de sus combustibles y cuya economía siente cada sacudón del Brent, no es inmune: cuando el barril sube, la presión sobre los precios internos crece semanas después.
Pero quizás lo más inquietante de esta semana no fue militar ni diplomático. Fue financiero. Desde el inicio de la guerra, una serie de apuestas extraordinariamente bien cronometradas ha aparecido en los mercados — y la escala dejó de ser anecdótica. En Polymarket, la plataforma de prediction markets más grande del mundo, se han movido más de ciento setenta millones de dólares en apuestas ligadas al cese al fuego entre Estados Unidos e Irán. El siete de abril, al menos cincuenta cuentas recién creadas apostaron en la dirección correcta minutos antes de que Trump anunciara la tregua original. Generaron cientos de miles de dólares en ganancias. En marzo, otra cuenta ganó quinientos cincuenta mil dólares apostando al inicio de la guerra, justo antes del anuncio. Investigadores de Harvard estimaron que ciento cuarenta y tres millones de dólares en ganancias en Polymarket fueron obtenidos por personas que potencialmente tenían información privilegiada — no solo sobre Irán, sino sobre eventos que van desde el compromiso de Taylor Swift hasta el Premio Nobel de la Paz. El congresista Ritchie Torres lo resumió así: "¿Cuál es la probabilidad estadística de que alguien que no sea un insider haga una apuesta ganadora doce minutos antes de un anuncio presidencial que mueve el mercado? Solo hay dos respuestas: Dios, o un insider. Y algo me dice que Dios no está apostando en función de los posts de Trump en Truth Social."
El Congreso estadounidense empezó a actuar. El representante Sam Liccardo, miembro del Comité de Servicios Financieros de la Cámara, envió una carta al presidente de la SEC exigiendo una investigación. La senadora Elizabeth Warren pidió una indagación de insider trading que involucra al propio secretario de Defensa. La CFTC, que regula los mercados de derivados, estaría investigando. La BBC encontró un "patrón consistente" de picos de operaciones en las horas previas a anuncios de la Casa Blanca que movieron los precios del petróleo o la bolsa. La propia Casa Blanca envió un correo interno a todo el personal advirtiendo contra el uso de información confidencial para hacer apuestas — lo cual, como observó Liccardo, no debería ser algo que a los funcionarios públicos haya que "recordarles". Dos proyectos de ley bipartidistas están en trámite en el Congreso para restringir las apuestas relacionadas con la guerra en plataformas de prediction markets.
¿Y ahora qué? El cese al fuego existe, pero sin fecha límite. El bloqueo naval continúa. Irán está incautando buques. La mesa de negociación en Islamabad está vacía. El Brent oscila entre noventa y ciento dos dólares. La Agencia Internacional de Energía advierte que si el estrecho no se reabre de manera sostenible, la destrucción de demanda podría alcanzar los cinco millones de barriles por día — cinco por ciento de la oferta global. Los analistas dicen que incluso con un acuerdo, tomaría meses normalizar el tráfico: infraestructura dañada, aseguradoras nerviosas, navieras cautelosas. El FMI ya avisó que el crecimiento global se va a resentir sin importar si la tregua se mantiene.
Mire el Brent. Si se sostiene por encima de cien de forma consistente, usted lo va a sentir en el mercado — literalmente, en el precio de la comida — en seis a ocho semanas. Y ponga atención a las apuestas: cuando el mercado se mueve antes de la noticia, el problema no es el mercado. Es quién sabe la noticia antes que usted.
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