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Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro:
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Editorial: 12min
Hay un vendedor de palomitas en la playa de Copacabana que no tiene datáfono. No tiene lector de tarjetas. No tiene cuenta en un banco grande. Lo que tiene es un código QR pegado con cinta en el carrito. Usted lo escanea con el celular, le da confirmar, y en tres segundos el dinero está en su cuenta. Sin comisión. Sin intermediario. Sin esperar.
Ese vendedor, hasta hace cinco años, solo podía recibir efectivo. Hoy es parte de un sistema que procesa más de seis mil millones de transacciones al mes. Un sistema que funciona las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, sin festivos, sin pausas, sin excusas. Un sistema que el cuatro de abril de dos mil veintiséis, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, pidió públicamente que se trajera a nuestro país.
En noviembre de dos mil veinte, mientras el mundo entero lidiaba con la pandemia, el Banco Central de Brasil activó en silencio una plataforma de pagos instantáneos. Sin evento de lanzamiento. Sin campaña publicitaria. El Banco Central simplemente obligó a toda institución financiera con más de quinientas mil cuentas a ofrecer el servicio. Si usted tenía una cuenta bancaria en Brasil, ya tenía Pix. No necesitaba descargar nada. No necesitaba crear una cuenta nueva. No necesitaba pagar.
Cinco años después, los números son difíciles de creer. Según el informe "A New Planet Called Pix", publicado por la consultora W Fintechs en febrero de dos mil veintiséis con datos oficiales del Banco Central, el Pix procesa entre seis mil y siete mil millones de transacciones al mes y mueve más de tres billones de reales mensuales, unos quinientos cincuenta mil millones de dólares. Más de ciento setenta y ocho millones de brasileños lo usan, cerca del noventa y uno por ciento de la población adulta.
Pero el número que realmente cuenta es otro. Antes del Pix, cerca de cuarenta y cinco millones de brasileños no tenían cuenta bancaria, según un análisis del ProMarket, la plataforma del Stigler Center de la Universidad de Chicago. Eran el veintinueve por ciento de la población. Personas que solo podían usar efectivo, que no podían recibir transferencias, que quedaban por fuera del sistema financiero formal. El Pix cambió eso. Según el Rio Times, el sistema incorporó a cerca de setenta millones de brasileños al sistema financiero formal desde su lanzamiento en dos mil veinte.
¿Cómo? Porque el Pix es gratuito para personas naturales. Usted no paga nada por enviar dinero. Nada por recibir. Nada por pagar una cuenta de servicios. Nada por comprar en una tienda. Si usted es comerciante, la comisión promedio es del cero coma treinta y tres por ciento, según datos del FMI, el Fondo Monetario Internacional, citados por el economista Paul Krugman. Compare eso con lo que cobran las tarjetas de crédito en Brasil... entre el uno coma trece y el dos coma treinta y cuatro por ciento. O con lo que cobran en Colombia, donde las comisiones pueden ser incluso más altas.
Cuando el costo de recibir un pago baja de esa manera, pasan cosas que no ocurren en ningún modelo económico de escritorio. El vendedor ambulante acepta pagos digitales. La señora que vende empanadas en la esquina deja de depender exclusivamente del efectivo. El trabajador informal recibe su pago al instante, sin esperar días de compensación bancaria. La tienda de barrio deja de perder ventas porque el cliente no tiene suelto. El conductor de un taxi cobra escaneando un código en el celular. El agricultor en el interior recibe el pago de su cosecha sin tener que viajar horas hasta una sucursal bancaria. Eso no es teoría. Es lo que está pasando todos los días en Brasil.
El veinte de diciembre de dos mil veinticuatro, el Pix procesó doscientos cincuenta y dos coma un millones de transacciones en un solo día, según datos de Matera y el Banco Central de Brasil. Ese récord se rompió de nuevo en junio de dos mil veinticinco, cuando el sistema alcanzó doscientos setenta y seis coma siete millones en un solo día, según reportó Agência Brasil. Cada uno de esos días, por sí solo, supera el volumen mensual completo de la mayoría de los sistemas europeos de pago instantáneo.
Mientras tanto, el sistema más parecido en Estados Unidos, el FedNow, lanzado en julio de dos mil veintitrés, tres años después del Pix, apenas logra despegar. Según el Federal Register, el diario oficial del gobierno estadounidense, entre enero y agosto de dos mil veinticinco, el FedNow procesó alrededor de cinco millones ciento cuarenta mil transacciones. En total. En ocho meses. El Pix mueve ese volumen antes del almuerzo de un martes.
El cuatro de abril de dos mil veintiséis, el presidente Gustavo Petro escribió públicamente en X... "Le pido a Brasil extender el sistema Pix a Colombia." No fue un comentario al margen. Fue una solicitud directa, publicada en la misma red social donde se discuten las tensiones comerciales entre Brasil y Estados Unidos. Petro calificó al Pix como un modelo superior a las redes de tarjetas dominadas por empresas estadounidenses. Y fue más lejos... criticó a la OFAC, que es la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, llamándola "un sistema aberrante de control político", según reportó UPI.
El contexto importa. Esa solicitud llegó dos días después de que el presidente brasileño, Lula, declarara en Salvador... "Nadie nos va a hacer cambiar el Pix." Y llegó cuatro días después de que el gobierno estadounidense publicara un informe de ocho páginas dedicadas a Brasil, en el que señalaba que el Banco Central "creó, es propietario, opera y regula" el Pix, y advertía que eso le daba al sistema una preferencia injusta sobre empresas privadas como Visa y Mastercard.
En julio de dos mil veinticinco, el USTR, que es la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, ya había abierto una investigación formal bajo la Sección trescientos uno de la Ley de Comercio, el mismo instrumento legal que se usó en las disputas con China. El argumento es que el Pix genera desequilibrios competitivos porque el Estado construye el sistema, obliga a participar, no cobra por el servicio, y al mismo tiempo regula el mercado donde compite.
Ese argumento tiene fundamento técnico. Un artículo del ProMarket, escrito por Jeff Alvares, abogado del propio Banco Central de Brasil en capacidad personal, reconoce que el Pix entrega beneficios sociales transformadores, pero lo hace "a través de la exclusión competitiva y no a través de la competencia entre esquemas de pago".
Pero hay otro lado de esa moneda. El mismo artículo explica que, antes del Pix, las transferencias bancarias en Brasil costaban entre un dólar con cincuenta centavos y tres dólares y tardaban horas en completarse. Los bancos privados tuvieron décadas para resolver ese problema y no lo hicieron. El Pix no fue diseñado para proteger empresas brasileñas. Fue diseñado porque el mercado les había fallado a las personas.
En julio de dos mil veinticinco, Paul Krugman, Premio Nobel de Economía de dos mil ocho, publicó un artículo en su Substack titulado "¿Inventó Brasil el futuro del dinero?" Escribió que el Pix está cumpliendo lo que los defensores de las criptomonedas prometieron falsamente... costos de transacción bajos e inclusión financiera. Krugman añadió que un sistema similar probablemente nunca llegará a Estados Unidos porque la industria financiera tiene demasiado poder y no permitiría que un sistema público compita con sus productos.
Ahora piense en Colombia. Según datos del Banco Mundial y Statista, en dos mil veintiuno, solo el cincuenta y seis por ciento de los adultos colombianos tenía cuenta bancaria. Entre los jóvenes de quince a veinticuatro años, la cifra de exclusión financiera alcanzaba el cincuenta y cinco por ciento. Las mujeres colombianas tenían aún menos probabilidades que los hombres de acceder a servicios financieros como cajeros, tarjetas de crédito o productos como seguros e hipotecas. En zonas rurales, la brecha es todavía más profunda. Colombia ya está desarrollando su propio sistema de pagos instantáneos, llamado Bre-B, liderado por el Banco de la República en colaboración con el sector privado, con lanzamiento previsto para dos mil veinticinco, según el Foro Económico Mundial. El sistema promete operar las veinticuatro horas, los siete días de la semana, y busca llegar precisamente a esas comunidades que hoy están por fuera. Pero la solicitud de Petro de integrar directamente el Pix brasileño apunta a algo más ambicioso... una infraestructura financiera compartida entre países latinoamericanos, fuera de los rieles privados de Visa y Mastercard.
El Banco do Brasil, uno de los mayores bancos estatales brasileños, ya implementó pagos transfronterizos con Pix en Argentina. Turistas brasileños ya pagan con Pix en comercios argentinos a través de la aplicación de Mercado Pago. El Banco Central de Brasil también está evaluando la expansión del sistema a otros países de las Américas, Europa y Asia.
Si esa expansión se concreta, América Latina tendría una red de pagos pública, instantánea y prácticamente gratuita que conectaría economías sin pasar por intermediarios privados estadounidenses. Para una región donde millones de personas siguen sin cuenta bancaria y donde las comisiones de las tarjetas son de las más altas del mundo, las implicaciones serían enormes.
El Pix Automático, lanzado en junio de dos mil veinticinco, ya permite cobros recurrentes directamente desde la cuenta bancaria... arriendo, suscripciones, servicios públicos... sin tarjeta de crédito y sin intermediario. Según proyecciones de EBANX, las transacciones vía Pix Automático crecerían un cuarenta y uno por ciento mensual durante su primer año. El Pix por Aproximación permite pagar con solo acercar el celular al terminal, sin abrir ninguna aplicación.
La pregunta que queda sobre la mesa no es técnica. Es política. ¿Va a construir América Latina su propia infraestructura financiera... o va a seguir pagando peaje en una autopista que no le pertenece?
Brasil ya decidió. Colombia está pidiendo entrar. El resto del continente observa.
Si usted es consumidor en Colombia o en cualquier país de América Latina, lo que ocurrió en Brasil le muestra lo que es posible. Pagos instantáneos, gratuitos, sin necesidad de tarjeta de crédito. Esté atento al desarrollo de Bre-B en Colombia y a cualquier avance en la integración con el Pix brasileño. Si usted viaja a Brasil, ya puede beneficiarse del sistema a través de aplicaciones como Mercado Pago.
Si usted tiene un negocio, especialmente uno pequeño o informal, el modelo del Pix le da una referencia clara. Una comisión del cero coma treinta y tres por ciento frente a comisiones de tarjeta que pueden superar el tres por ciento cambia por completo la ecuación de costos. Cualquier sistema de pagos instantáneos que llegue a Colombia con esa estructura de costos sería una ventaja directa para su operación.
Si usted invierte, la disputa entre Estados Unidos y Brasil genera incertidumbre, pero también oportunidad. Las empresas construidas sobre la infraestructura del Pix están creciendo rápidamente. La posible expansión del sistema por América Latina abriría mercados nuevos para el ecosistema fintech brasileño y para cualquier empresa que se integre con esa red.
Si usted trabaja en tecnología o en servicios financieros, la arquitectura del Pix es hoy la referencia mundial en pagos instantáneos. Entender cómo funciona, cómo se reguló y cómo logró una adopción del noventa y uno por ciento de la población adulta en cinco años es conocimiento estratégico para cualquier profesional del sector.
Para todos... lo que está en juego no es un sistema de pagos. Es quién construye y controla la infraestructura financiera por la que pasa el dinero de cientos de millones de personas. Brasil tomó su decisión. Colombia está levantando la mano. La pregunta es qué hará el resto de la región.
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