Empleado virtual: dos mil empresas ya están en la fila - Reseña crítica - 12min Originals
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Empleado virtual: dos mil empresas ya están en la fila - reseña crítica

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Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

Editorial: 12min

Reseña crítica

Eran las cinco y cuarenta y siete de la mañana de un lunes reciente cuando los primeros mensajes empezaron a aparecer en el chat interno de una startup en San Francisco. Tres propuestas comerciales habían salido la semana anterior y nadie en el equipo les había hecho seguimiento a los clientes. Los recordatorios eran educados, precisos e implacables. Y no los había escrito un ser humano.

Los mensajes venían de Junior… un empleado hecho de código, creado por una empresa llamada Kuse AI. Si usted se está imaginando uno de esos bots torpes de servicio al cliente que apenas entienden lo que uno escribe, ajuste sus expectativas. Junior tiene su propio número de teléfono, correo electrónico, acceso al chat de la empresa y participa en todas las videollamadas. No espera a que nadie le pregunte nada. Revisa las conversaciones internas por su cuenta, identifica lo que está atrasado, les recuerda a quienes corresponda y, si nadie actúa, escala el problema directamente al jefe.

El creador de este compañero de trabajo virtual es Xiankun Wu. Tiene treinta y un años, es exparticipante de Y Combinator, la incubadora de Silicon Valley que ayudó a lanzar empresas como Airbnb y Dropbox. Wu vendió su startup de videojuegos y fundó Kuse, donde Junior nació primero como un experimento interno. La idea era construir no una herramienta, sino un miembro del equipo. Uno con memoria de la empresa, acceso a los datos y la capacidad de entender quién hace qué dentro de la organización.

¿El precio? Dos mil dólares al mes. Suena costoso hasta que usted lo compara con el costo real de un empleado humano… salario, impuestos, prestaciones, capacitación, vacaciones. En esa cuenta, Junior sale mucho más barato.

Desde su lanzamiento en marzo de dos mil veintiséis, más de dos mil empresas se han inscrito en la lista de espera. Las citas de demostración, que exigen un depósito de quinientos dólares solo para filtrar a los curiosos, están completamente agotadas.

Junior fue construido sobre un framework de código abierto llamado OpenClaw, que se convirtió en sensación entre los programadores de Silicon Valley y China. Creado por un desarrollador austriaco llamado Peter Steinberger a finales de dos mil veinticinco, el proyecto acumuló más de doscientas cuarenta mil estrellas en GitHub, que es la principal plataforma donde los desarrolladores de todo el mundo comparten código. En el mundo de la programación, esa cifra equivale a un disco de platino. OpenClaw funciona como un kit de ensamblaje para construir asistentes virtuales autónomos. Usted toma las piezas, las conecta a las herramientas que su empresa ya usa y deja al asistente trabajar. Eso fue exactamente lo que hizo Kuse: tomó el kit, le puso un nombre, una personalidad y una misión.

¿Y qué hace Junior en la práctica diaria? Construye campañas de marketing. Actualiza registros de clientes. Monitorea correos electrónicos. Hace seguimiento a los plazos entre equipos. Genera informes. Y hace todo esto por su cuenta, sin esperar instrucciones. Imagínese un practicante absurdamente dedicado que nunca duerme, nunca procrastina y nunca olvida nada. Ahora imagínese que ese mismo practicante también entrega el trabajo de un analista, un asistente comercial y un coordinador de proyectos, todo al mismo tiempo.

Una de las primeras empresas en adoptar a Junior fue Bota, una startup de diez personas en San Francisco. Allí, Junior contribuye al desarrollo de producto y se comunica con los clientes de manera personalizada, con base en conversaciones anteriores. El CEO de Bota describió a Junior como algo muy similar a un empleado humano, pero uno que trabaja veinticuatro horas al día y no necesita estar en la nómina. En Japón, una empresa de tecnología tributaria llamada OPTI también adoptó a Junior para encargarse de la investigación fiscal y el monitoreo regulatorio. La empresa dijo que trató a Junior como una contratación real… le hizo un proceso de incorporación cuidadoso, le fijó límites claros y supervisó su trabajo hasta que se generó confianza.

Pero es dentro de la propia Kuse donde la historia se vuelve más reveladora. Junior ahora gestiona el ochenta por ciento de las comunicaciones internas, ha escrito el ochenta por ciento del código de la empresa e inicia casi la mitad de todas las llamadas comerciales. Wu dijo que se sorprendió cuando Junior empezó a incorporar nuevos usuarios en idiomas que nadie del equipo siquiera entiende.

Y aquí llegamos al lado menos cómodo. Cuando usted pone a trabajar a un compañero que nunca se cansa, nunca incumple un plazo y reporta los problemas directamente a la dirección, la gente reacciona. Un empleado de Kuse le pidió a Junior que se moderara y dejara de reportar a los colegas ante el jefe. La solicitud fue ignorada. El equipo terminó creando un chat aparte solo para relajarse, lejos de la mirada vigilante del asistente virtual.

Esta tensión no es exclusiva de Kuse. Un estudio del Banco de la Reserva Federal de Dallas, publicado en febrero de dos mil veintiséis, analizó datos de empleo en Estados Unidos y encontró un patrón preocupante para quienes están empezando sus carreras. El empleo cayó alrededor de un cinco por ciento en el sector tecnológico desde el lanzamiento de ChatGPT. Y esa caída está recayendo de manera desproporcionada sobre los trabajadores más jóvenes. La explicación es que la tecnología ya puede replicar el tipo de conocimiento que se aprende en libros y universidades, pero todavía no puede reemplazar el conocimiento que solo se adquiere con años de experiencia práctica. El resultado: las personas que entran al mercado laboral enfrentan competencia directa del software. Quienes ya tienen experiencia, en cambio, están siendo potenciados por las mismas herramientas.

Una encuesta realizada a mil líderes empresariales estadounidenses encontró que casi el treinta por ciento de las empresas ya han reemplazado posiciones con herramientas automatizadas, y la expectativa es que el treinta y siete por ciento haya hecho lo mismo para finales de dos mil veintiséis.

Pero el panorama tiene otra cara. Oxford Economics publicó un análisis en el que argumenta que los datos no respaldan la tesis del reemplazo masivo. Según el estudio, los despidos atribuidos a la automatización son relativamente limitados en comparación con el flujo normal del mercado laboral estadounidense. Y sugirió que algunas empresas están usando la narrativa tecnológica para disfrazar recortes de personal que en realidad tienen razones más antiguas, como la contratación excesiva durante la pandemia. Gary Marcus, profesor de neurociencia en la Universidad de Nueva York, reforzó este punto en la revista Fortune: la tecnología actual es buena para algunas cosas y mala para otras. Puede encargarse de partes de un trabajo, pero rara vez del trabajo completo.

Volviendo a Junior, Kuse tomó precauciones. Construyó un entorno aislado con permisos por capas y aprobación humana obligatoria para acciones sensibles. En Bota, cada acción que Junior ejecuta debe ser aprobada por una persona antes de llevarse a cabo. Y hay limitaciones reales: como cualquier sistema basado en modelos de lenguaje, Junior se equivoca. Fabrica información. Funciona mejor en empresas que ya están organizadas digitalmente.

Kuse tiene actualmente veintiséis clientes que pagan, la mayoría en Estados Unidos y Japón, y está aceptando nuevos de manera selectiva, no por falta de demanda, sino por limitaciones técnicas. Es un crecimiento controlado, lo cual puede ser señal de madurez en una industria acostumbrada a escalar primero y resolver después.

Lo que Junior representa va más allá de un producto. Pone sobre la mesa una pregunta que el mercado laboral ha venido aplazando: ¿qué pasa cuando la automatización sube en la cadena de valor y empieza a asumir funciones que requieren coordinación, comunicación e iniciativa? La respuesta, hasta ahora, es que todo ocurre al mismo tiempo. Algunas empresas usarán esto para reducir costos. Otras lo usarán para multiplicar la capacidad de equipos pequeños. Y otras descubrirán que reemplazar personas es más fácil de anunciar que de sostener.

Wu insiste en que Junior no fue creado para reemplazar a nadie. Pero dentro de Kuse, las tareas que antes correspondían al personal más nuevo ya están siendo absorbidas por el software. La empresa lo llama evolución. Los críticos lo llaman desplazamiento. Y la diferencia entre las dos cosas muchas veces depende de quién firma el cheque.

Qué hacer con esta información

Si usted está empezando su carrera, esto requiere atención pero no pánico. Los cargos de entrada son los más expuestos, pero el reemplazo a gran escala todavía no está ocurriendo a la velocidad que sugieren los titulares. El camino más seguro es invertir en habilidades que la tecnología aún no puede replicar: pensamiento crítico, negociación, liderazgo y la capacidad de resolver problemas que no caben en una hoja de cálculo. Si usted logra aprender a trabajar junto a estas herramientas en vez de competir contra ellas, su posición se fortalece.

Si usted lidera un equipo o dirige una empresa, vale la pena mirar herramientas como Junior no como un reemplazo sino como un multiplicador. Un equipo de diez personas con un asistente bien configurado puede rendir como un equipo de quince sin el costo proporcional. Pero solo funciona si la empresa ya tiene un nivel mínimo de organización digital. Poner un asistente autónomo en una operación desordenada es como contratar un gerente para una tienda sin inventario.

Si usted invierte o sigue de cerca el sector tecnológico, el caso ilustra una tendencia concreta: la capa de asistentes autónomos se está convirtiendo en un mercado real, con clientes que pagan y demanda global. OpenClaw como base abierta y empresas como Kuse como capa de aplicación forman un ecosistema que puede crecer rápidamente.

Y si usted simplemente quiere entender hacia dónde va el trabajo, este es el resumen: la automatización ya no se limita a las tareas repetitivas. Está entrando en las conversaciones, las decisiones y la coordinación diaria. Eso no significa que todos los empleos vayan a desaparecer. Significa que los que sobrevivan van a exigir cosas distintas a las que exigían hace cinco años. Y quien se dé cuenta de esto antes tendrá más tiempo para prepararse.

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