Invertir en medio de la guerra: el tablero cambió y las reglas también - Reseña crítica - 12min Originals
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Invertir en medio de la guerra: el tablero cambió y las reglas también - reseña crítica

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Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

Editorial: 12min

Reseña crítica

Cuando el dinero se asusta… Cómo la guerra en Oriente Medio está redibujando el mapa de las inversiones

Hay un dicho viejo en los mercados financieros: el dinero es cobarde. Sale corriendo ante la primera señal de peligro, antes siquiera de entender qué está pasando.

Y en las últimas semanas, el dinero ha estado corriendo.

Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán el veintiocho de febrero de dos mil veintiséis, los mercados financieros globales entraron en un estado que los analistas llaman repricing de riesgo.

En la práctica, esto significa que los inversionistas de todo el mundo están reorganizando sus portafolios a toda velocidad, tratando de proteger lo que tienen mientras intentan calcular el tamaño del daño.

Y el daño, hasta ahora, no es menor.

El Brent, la referencia global del precio del petróleo, saltó de aproximadamente sesenta y siete dólares por barril a finales de febrero a más de ciento doce dólares en marzo, un aumento de casi el cincuenta por ciento en menos de un mes.

En la mañana del veintitrés de marzo, el barril osciló entre noventa y seis y ciento catorce dólares después de que el presidente Donald Trump anunciara una pausa de cinco días en los ataques contra la infraestructura energética iraní, señalando lo que él llamó conversaciones constructivas. Irán, por su parte, negó cualquier diálogo.

Este vaivén en los precios captura bien el momento. Cada frase de un presidente, cada declaración de un general o un diplomático, mueve miles de millones de dólares en cuestión de minutos. Invertir hoy se ha convertido en un ejercicio de interpretar titulares en tiempo real.

Pero vayamos más allá de los titulares.

El centro de esta crisis tiene un nombre geográfico preciso… el Estrecho de Ormuz. Es un paso marítimo estrecho de aproximadamente cincuenta kilómetros de ancho en su punto más angosto, que conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo.

Por ahí pasa aproximadamente una quinta parte de todo el petróleo que se consume en el planeta. Piénselo como un embudo por el cual fluye la energía que mueve las fábricas en China, llena las estaciones de servicio en Europa y alimenta las plantas de generación eléctrica en Estados Unidos. Cuando ese embudo se bloquea, el mundo entero lo siente.

Y se bloqueó.

Poco después de los primeros ataques, Irán cerró la navegación por el Estrecho. Las navieras y las aseguradoras comenzaron a recibir mensajes de la Armada de los Guardianes de la Revolución iraní que prohibían el cruce de embarcaciones.

El petróleo superó la barrera de los cien dólares por barril a principios de marzo, algo que no ocurría desde dos mil veintidós.

Goldman Sachs, uno de los bancos de inversión más grandes del mundo, publicó un informe detallado sobre los impactos. Las cifras son frías, pero cuentan una historia importante.

Se espera que el crecimiento del Producto Interno Bruto global se reduzca en cero coma tres puntos porcentuales debido al choque energético. La inflación global, en cambio, se espera que suba entre cero coma cinco y cero coma seis puntos porcentuales. El banco revisó su pronóstico de crecimiento mundial de dos coma nueve por ciento a dos coma seis por ciento para dos mil veintiséis.

En términos sencillos, esto significa que la economía mundial va a crecer menos y los precios van a subir más. Es el tipo de combinación que les quita el sueño a los banqueros centrales.

En los mercados, la reacción fue inmediata y generalizada. El índice S&P 500, la principal referencia de las bolsas estadounidenses, cayó un uno coma cinco por ciento en una sola sesión de viernes.

En Asia, la situación fue peor. El índice Nikkei de Japón cayó un tres coma cinco por ciento, y las bolsas chinas tuvieron uno de sus peores días desde el episodio de los aranceles el año pasado.

Los datos de flujo de capitales cuentan una historia todavía más dramática. Los inversionistas extranjeros retiraron cuarenta y cuatro coma treinta y seis mil millones de dólares de los mercados accionarios asiáticos en marzo, la mayor salida de capitales desde al menos dos mil ocho.

Asia, como la región más dependiente de la energía importada desde Oriente Medio, está sintiendo el golpe con mayor intensidad.

En los mercados emergentes en general, las monedas se debilitaron y las bolsas devolvieron las ganancias acumuladas. El dólar, como suele ocurrir en momentos de tensión global, se fortaleció, impulsado por la búsqueda de refugio.

Hay un elemento que hace que esta crisis sea diferente a las anteriores… los refugios tradicionales no están funcionando como se esperaba.

Normalmente, cuando el mundo entra en modo de pánico, los inversionistas corren hacia tres destinos. Los bonos del gobierno de Estados Unidos, conocidos como Treasuries. El oro. Y las monedas consideradas estables.

Esta vez, los bonos del gobierno están cayendo de precio porque la expectativa de mayor inflación está empujando las tasas de interés al alza. Y tasas de interés más altas significan que los bonos más antiguos valen menos.

El oro, que inicialmente se disparó, luego retrocedió bajo la presión de tomas de ganancias.

El resultado es que el activo que más protección ha ofrecido hasta ahora es el más sencillo de todos… el efectivo. Dinero quieto, líquido, disponible. Nada sofisticado, nada llamativo. Solo la capacidad de no perder mientras el mundo decide su próximo movimiento.

Jason Chan, estratega del Bank of East Asia, resumió la situación al señalar que en el corto plazo, ningún activo es inmune al entorno actual. La opción defensiva más eficiente ha sido simplemente mantener los recursos disponibles y esperar.

El mercado energético, como era de esperarse, se convirtió en el epicentro de la actividad. Los inversionistas aumentaron posiciones en empresas de petróleo y gas mientras reducían su exposición a tecnología, minería y renta fija.

El fondo cotizado en bolsa Breakwave Tanker Shipping subió un doscientos cuarenta y tres por ciento en lo que va del año, lo que lo convierte en el fondo de mejor desempeño de dos mil veintiséis. Una cifra que en circunstancias normales parecería absurda.

Pero las circunstancias no son normales.

Parte de la capacidad de exportación de gas natural licuado de Catar fue comprometida por ataques recientes. El país declaró fuerza mayor sobre los contratos de largo plazo, lo que permite suspender los compromisos de exportación con clientes en China, Corea del Sur, Italia y Bélgica.

Irán atacó instalaciones energéticas en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Baréin. La producción global de helio, esencial para la fabricación de chips, fue interrumpida.

Goldman Sachs estima que si el Estrecho de Ormuz continúa operando a solo el cinco por ciento de su capacidad normal durante diez semanas, el Brent podría oscilar entre ciento cinco y ciento treinta y cinco dólares por barril. Si la crisis se extiende con una pérdida persistente de dos millones de barriles diarios en la producción regional, el precio podría converger hacia los ciento quince dólares en el cuarto trimestre del año.

Para los estados del Golfo, el impacto es particularmente severo. Catar y Kuwait podrían ver su Producto Interno Bruto contraerse hasta un catorce por ciento si el bloqueo continúa durante abril, lo que representaría el peor choque económico en la región desde la Guerra del Golfo a principios de los años noventa.

Los bancos centrales, ante este panorama, entraron en modo de espera cautelosa.

La Reserva Federal de Estados Unidos mantuvo las tasas de interés entre tres coma cinco y tres coma setenta y cinco por ciento en su reunión del dieciocho de marzo, pero señaló que el alza de los precios de la energía probablemente empujará la inflación al alza en el corto plazo.

Goldman Sachs aplazó su proyección del primer recorte de tasas en Estados Unidos de junio a septiembre, y elevó la probabilidad de una recesión estadounidense al veinticinco por ciento en los próximos doce meses.

El Banco Central Europeo también mantuvo las tasas sin cambios, pero su presidenta, Christine Lagarde, adoptó un tono significativamente más duro respecto a la inflación. El Banco de Japón y el Banco Popular de China siguieron la misma línea de cautela.

En las economías emergentes, los analistas aún no esperan cambios en la trayectoria monetaria de corto plazo, pero advierten que, dependiendo de la duración del conflicto, los ciclos de recorte de tasas podrían terminar antes de lo previsto. La incertidumbre geopolítica añade una capa de riesgo que dificulta cualquier proyección a mediano plazo.

Hay, sin embargo, un lado de esta ecuación que suele pasarse por alto. Las grandes naciones exportadoras de petróleo fuera de la zona de conflicto, particularmente aquellas que producen alrededor de dos millones de barriles diarios o más, podrían beneficiarse parcialmente de los precios más altos de las materias primas.

La demanda de crudo proveniente de proveedores alternativos tiende a aumentar, especialmente desde China, que busca sustitutos para las fuentes tradicionales del Oriente Medio.

Los ingresos petroleros, las ganancias por exportaciones y las regalías de producción podrían convertirse en flujos de ingresos inesperadamente robustos para estos productores.

Al mismo tiempo, muchos de esos mismos países son importadores netos de productos refinados como diésel, gas licuado de petróleo y nafta. El aumento del costo de estos productos presiona los costos industriales, la logística y, eventualmente, los precios al consumidor.

Los fertilizantes, un insumo vital para los exportadores agrícolas, también podrían encarecerse. Irán es uno de los proveedores globales de urea y fertilizantes nitrogenados. Si el conflicto se prolonga, la temporada agrícola de dos mil veintiséis a dos mil veintisiete podría enfrentar costos de siembra más altos.

Las monedas de los mercados emergentes exportadores de materias primas, presionadas por la salida de capitales extranjeros, podrían debilitarse. Pero los altos diferenciales de tasas de interés domésticas siguen atrayendo operaciones de carry trade, lo que podría actuar como un amortiguador parcial contra una depreciación más agresiva.

Qué hacer con esta información

El panorama se divide en tres posibles caminos. Cada uno exige una postura diferente.

Escenario uno… desescalada rápida. Trump ya señaló disposición para negociar y ordenó una pausa en los ataques. Si las conversaciones avanzan y el Estrecho de Ormuz se reabre en las próximas semanas, el petróleo podría retroceder al rango de ochenta a noventa dólares. En ese caso, los activos que más cayeron tenderían a recuperarse rápidamente, y quienes mantuvieron sus posiciones durante la turbulencia podrían cosechar ganancias. La volatilidad cedería, los bancos centrales retomarían sus planes originales de recorte de tasas y la narrativa del mercado volvería a centrarse en los fundamentos económicos.

Escenario dos… un conflicto prolongado de baja intensidad. El Estrecho permanece parcialmente bloqueado, los ataques disminuyen pero no cesan, y el petróleo se estabiliza entre cien y ciento quince dólares. Este es el escenario que Goldman Sachs utiliza como base. En ese caso, la inflación global sube moderadamente, las tasas de interés se mantienen elevadas por más tiempo y el crecimiento se desacelera sin caer en recesión. Para los inversionistas, la estrategia sería aumentar la exposición al sector energético, mantener una reserva de liquidez por encima del nivel habitual y evitar activos altamente sensibles a tasas de interés elevadas, como las empresas tecnológicas con valoraciones muy estiradas.

Escenario tres… escalada severa. Irán intensifica los ataques contra la infraestructura energética regional, el Estrecho permanece cerrado durante meses y la producción global de petróleo sufre una caída prolongada. En ese caso, el barril podría superar los ciento cuarenta y cinco dólares, la probabilidad de una recesión global aumentaría significativamente y los mercados entrarían en territorio bajista. Para este escenario, la protección viene de la diversificación geográfica, las materias primas, la exposición al dólar y, sobre todo, la preservación de capital.

En los tres escenarios, aplican algunas orientaciones generales. Primero, evite las decisiones impulsivas basadas en los titulares del día. Segundo, revise su exposición a sectores directamente afectados por el precio del petróleo. Tercero, entienda que en momentos de incertidumbre extrema, preservar el capital no es cobardía. Es estrategia.

Los mercados financieros están hechos de ciclos. Las guerras terminan, los precios se ajustan, las economías se adaptan. Pero entre el inicio del choque y la normalización, hay un periodo en el que lo más importante no es ganar dinero. Es no perderlo.

Y el dinero, cuando está asustado, coincide plenamente con eso.

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