Pokémon Go, la CIA y más de treinta mil millones de imágenes: El precio invisible de un juego gratuito - Reseña crítica - 12min Originals
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Pokémon Go, la CIA y más de treinta mil millones de imágenes: El precio invisible de un juego gratuito - reseña crítica

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Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

Editorial: 12min

Reseña crítica

Pokémon GO: el mayor ejército invisible de la inteligencia artificial

Treinta mil millones. Esa es la cantidad de imágenes que Niantic recopiló de los jugadores de Pokémon GO en todo el mundo. Y la mayoría de esas personas no tenía idea de que, mientras perseguía un Pikachu a la vuelta de su casa, estaba construyendo una de las bases de datos visuales más grandes en la historia de la inteligencia artificial.

La revelación llegó en marzo de dos mil veintiséis, cuando Niantic Spatial ... la empresa de inteligencia artificial creada a partir de la división tecnológica de Niantic ... anunció una alianza con Coco Robotics, una startup de robots de entrega que opera en ciudades de Estados Unidos y Europa. La propuesta es sencilla: usar todo ese archivo de imágenes para guiar robots autónomos por las aceras con un nivel de precisión que el GPS jamás ha podido ofrecer.

Pero para entender cómo llegamos hasta aquí, hay que retroceder un poco en el tiempo.

En dos mil dieciséis, Pokémon GO se lanzó al mercado y se convirtió en un fenómeno que trascendió el mundo de los videojuegos. En sesenta días, quinientos millones de personas instalaron la aplicación. En su momento de mayor popularidad, doscientos treinta millones jugaban cada mes. Gente que salía de su casa de madrugada, cruzaba parques, recorría calles desconocidas ... todo para atrapar criaturas virtuales que aparecían en la pantalla de su celular, superpuestas al mundo real.

Lo que pocos advirtieron es que el juego no era solo entretenimiento. Era una máquina de recolección de datos.

Cada vez que un jugador visitaba un Pokéstop, peleaba en un gimnasio o completaba una misión, el celular registraba mucho más que la captura de una criatura digital. Registraba la posición exacta del dispositivo, el ángulo de la cámara, la dirección del movimiento, la velocidad, la hora del día y las condiciones de iluminación. Cada celular funcionaba, en la práctica, como una estación meteorológica portátil ... solo que en lugar de medir la lluvia, medía el mundo visual a su alrededor.

En dos mil veinte, Niantic aceleró esa recolección. Añadió al juego una funcionalidad llamada Investigación de Campo, que incentivaba a los jugadores a escanear estatuas, monumentos y puntos de interés con sus cámaras a cambio de recompensas dentro del juego. La idea parecía inofensiva: ayude a mapear el mundo y gane monedas virtuales. Pero cada escaneo generaba modelos tridimensionales detallados del entorno real.

El resultado fue algo que ninguna empresa de cartografía profesional habría podido replicar. Millones de personas diferentes escaneando los mismos lugares, desde ángulos distintos, a horas distintas, con condiciones climáticas distintas. Una plaza fotografiada por la mañana con sol, por la tarde con lluvia, de noche con nieve. De cerca, de lejos, desde arriba, desde abajo. Esa diversidad le dio a la base de datos una riqueza que las cámaras profesionales montadas en vehículos, como las de Google Street View, sencillamente no alcanzan.

Brian McClendon, el director de tecnología de Niantic Spatial, puso las cosas en perspectiva en una entrevista con MIT Technology Review. La empresa cuenta con más de un millón de ubicaciones en todo el mundo donde puede posicionar a alguien con una precisión de pocos centímetros ... y, más importante aún, saber hacia dónde está mirando esa persona.

La tecnología ahora tiene nombre: Sistema de Posicionamiento Visual, o VPS por sus siglas en inglés — Visual Positioning System. Funciona así: en lugar de depender de señales de satélite como el GPS, el sistema analiza lo que la cámara de un dispositivo ve y lo compara con su base de datos de imágenes. Si el GPS es como intentar ubicar a alguien gritando en medio de una multitud ... donde la voz rebota en las paredes y se confunde ... el VPS es como reconocer el rostro de esa persona en una fotografía de alta resolución. Mucho más preciso.

Y la precisión importa. En zonas urbanas con edificios altos, el GPS puede equivocarse por cincuenta metros o más. Eso lo deja a usted en la cuadra equivocada, al lado equivocado de la calle. Para un peatón con afán, es incómodo. Para un robot de entrega autónomo que necesita detenerse exactamente en la puerta del restaurante o en la acera del cliente, es un desastre.

Ahí es donde entra Coco Robotics. Fundada en dos mil veinte en Los Ángeles por Zach Rash, un recién graduado de la UCLA, Coco es hoy una de las plataformas de robótica urbana más grandes del mundo. Sus robots eléctricos de acera han completado más de quinientas mil entregas con cero emisiones de carbono en ciudades como Los Ángeles, Chicago, Miami y Helsinki. Operan a través de Uber Eats, DoorDash y Wolt, atendiendo a más de tres mil restaurantes y establecimientos.

John Hanke, el CEO de Niantic Spatial, resumió la conexión entre ambos mundos de manera memorable: lograr que un Pikachu corra de forma realista por una acera y lograr que un robot de entrega navegue con seguridad por esa misma acera son, en el fondo, el mismo problema.

Pero la historia de Niantic no comienza con los pokémon. Comienza con satélites espía.

Antes de crear Niantic, John Hanke cofundó en dos mil uno una empresa llamada Keyhole. El nombre era una referencia directa a los satélites de reconocimiento militar estadounidenses. Keyhole desarrolló un software de visualización tridimensional de la Tierra que llamó la atención de dos inversionistas muy específicos: NVIDIA e In-Q-Tel ... el brazo de capital de riesgo de la CIA — la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

La CIA y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial no eran solo inversionistas. Eran clientes. Ayudaron a adaptar el software de Keyhole para su uso en la Guerra de Irak en dos mil tres. Las cadenas de televisión CNN, ABC y CBS usaron la herramienta para mostrar simulaciones de los bombardeos en Bagdad. Google advirtió el potencial y compró Keyhole en dos mil cuatro. El software renació como Google Earth, y después vinieron Google Maps, Street View y toda la infraestructura de geolocalización que usamos hoy.

Hanke se quedó en Google liderando toda la división de productos geográficos. En dos mil diez, creó Niantic como un laboratorio interno de Google. En dos mil quince, la convirtió en una empresa independiente. En dos mil dieciséis, lanzó Pokémon GO.

En marzo de dos mil veinticinco, el negocio de juegos de Niantic fue vendido a Scopely por tres mil quinientos millones de dólares. Scopely es una desarrolladora estadounidense de juegos móviles, pero pertenece a Savvy Games Group, que a su vez es controlada por el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita. Pokémon GO, junto con otros juegos como Pikmin Bloom y Monster Hunter Now, pasó a manos de un conglomerado saudí.

Al mismo tiempo, Niantic separó su división de tecnología espacial en una nueva empresa: Niantic Spatial, liderada por el propio Hanke, con doscientos cincuenta millones de dólares de capital inicial. Es esa empresa la que ahora comercializa el mapeo construido con las imágenes de los jugadores.

Aquí la cosa se pone más delicada.

Del lado de los defensores, hay un argumento legítimo. El juego informaba que estaba recopilando datos de mapeo. Cuando se lanzó la funcionalidad de escaneo, aparecía una notificación clara en la aplicación indicando que el jugador estaba contribuyendo a la recolección de datos de realidad aumentada. Los términos de uso, aceptados por todos al momento de la instalación, le otorgaban a la empresa amplios derechos sobre el contenido enviado. Desde el punto de vista legal, todo parece estar en regla.

Hay quienes incluso sostienen que esta es una de las estrategias de negocio más ingeniosas que se hayan concebido. Usted crea un juego global basado en una franquicia muy querida, millones de personas participan de forma voluntaria, y el subproducto de esa diversión resulta ser un activo tecnológico de valor incalculable. No se expuso ni se vendió información personal más allá de lo que Google Street View ya muestra. Y el uso final ... ayudar a robots de entrega a encontrar su camino ... parece bastante inofensivo.

Del lado de los críticos, el problema no es legal. Es ético. Aceptar unos términos de uso y comprender a qué se está dando consentimiento son cosas muy distintas. ¿Cuántos de los quinientos millones de jugadores que instalaron la aplicación leyeron realmente los términos? Y de quienes los leyeron, ¿cuántos imaginaron que sus fotos de plazas y monumentos serían utilizadas diez años después para entrenar sistemas de navegación autónoma vendidos a empresas comerciales?

Este patrón no es nuevo. Google operó durante años el sistema reCAPTCHA, esas pruebas que le piden hacer clic en semáforos, bicicletas o cruces peatonales para demostrar que usted no es un robot. Un estudio de la Universidad de California en Irvine estimó que, a lo largo de trece años, los usuarios invirtieron ochocientos diecinueve millones de horas resolviendo esos desafíos ... el equivalente a más de seis mil millones de dólares en salarios que nunca se pagaron. Las imágenes clasificadas alimentaron los sistemas de visión computacional de Google, incluidos los utilizados por Waymo, la división de vehículos autónomos valorada en cuarenta y cinco mil millones de dólares.

La lógica es similar: usted cree que está demostrando que es humano, pero en realidad está entrenando a la máquina para que vea el mundo como lo ve un ser humano.

Y hay una preocupación adicional con Niantic Spatial. Un ejecutivo de la empresa ha reconocido públicamente que el Gran Modelo Geoespacial — Large Geospatial Model — que están construyendo podría, en el futuro, venderse a gobiernos y fuerzas militares. Un sistema que identifica con precisión de centímetros el lugar donde se tomó una foto, basándose en los edificios y puntos de referencia visibles, tiene aplicaciones evidentes en vigilancia e inteligencia. Y los datos ahora existen dentro de un ecosistema corporativo complejo, con conexiones que pasan por el fondo soberano de Arabia Saudita.

También vale la pena recordar lo que ocurrió con Waze. La aplicación de navegación construida por voluntarios que reportaban condiciones de tráfico fue posteriormente utilizada por agencias policiales para obtener información sobre la ubicación de conductores. Datos creados para un propósito, reutilizados para otro.

Scopely y Niantic aseguran que los datos de los jugadores se almacenan exclusivamente en servidores en Estados Unidos y que la empresa nunca ha vendido ni venderá datos a terceros. La ubicación precisa de los jugadores se conserva por un tiempo limitado y se utiliza únicamente para operaciones esenciales del juego, como la lucha contra las trampas. Y los escaneos de espacios públicos se anonimizan antes de ser transferidos a Niantic Spatial.

Pero las garantías de hoy no son necesariamente las garantías de mañana. Las empresas cambian de dueño. Las políticas de privacidad se reescriben. Y una base de datos de treinta mil millones de imágenes georreferenciadas con precisión de centímetros no va a desaparecer sin más.

La alianza con Coco Robotics es apenas el primer paso declarado. Los robots de entrega equipados con cámaras van a generar aún más datos visuales que retroalimentan el sistema. Cada entrega de comida realizada por un robot de acera mejora el mapa. Niantic Spatial habla abiertamente de construir un mapa vivo del mundo, uno que se actualice de manera continua con nuevos datos.

Si funcionó con Pokémon GO, puede funcionar con cualquier aplicación de realidad aumentada. Gafas inteligentes, juegos urbanos, herramientas de navegación ... cualquier cosa que apunte una cámara al mundo real y ejecute un software capaz de registrar lo que ve.

El futuro de la navegación autónoma probablemente no lo definirán los satélites en el espacio. Lo definirán las imágenes tomadas desde el bolsillo de la gente.

Qué hacer con esta información

Si usted juega Pokémon GO o cualquier aplicación de realidad aumentada, vale la pena revisar qué permisos de cámara y ubicación tiene activos. Desactivar las tareas de escaneo es una opción concreta para quien no quiera contribuir a la recolección. Eso no afecta la experiencia principal del juego.

Si usted trabaja en tecnología, privacidad o regulación, este caso es un estudio importante sobre cómo unos términos de uso genéricos pueden dar cobertura legal a usos futuros de datos que los usuarios originales jamás habrían anticipado. La distancia entre el consentimiento formal y el consentimiento informado sigue siendo enorme.

Si usted es inversionista o sigue de cerca el mercado de tecnología, Niantic Spatial merece su atención. La empresa está sentada sobre un activo de datos que no tiene equivalente en el mercado. Las empresas de robótica, realidad aumentada y navegación autónoma van a necesitar mapas visuales de alta precisión, y Niantic lleva casi una década de ventaja en la recolección.

Si usted es simplemente alguien que usa internet, la lección es más amplia. Cada vez que un servicio es gratuito y demasiado divertido, vale la pena preguntarse: ¿qué estoy entregando a cambio? La respuesta casi nunca es solo su atención.

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