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Editorial: 12min
Islamabad no es exactamente el centro del mundo. La capital de Pakistán es una ciudad planificada, algo adormecida, con bulevares demasiado anchos. Pero este fin de semana, fue allí —en ese escenario improbable— donde el destino de buena parte de la economía global quedó colgando de un hilo durante veintiuna horas seguidas.
De un lado, el vicepresidente estadounidense JD Vance, junto al enviado Steve Witkoff y Jared Kushner. Del otro, el presidente del Parlamento iraní, Ghalibaf, y el canciller Araghchi, con más de setenta diplomáticos, militares y economistas. En el medio, Pakistán, que logró sentar a ambas partes en la misma mesa por primera vez desde 2015 —y al más alto nivel desde la Revolución Islámica de 1979.
El solo hecho de que estas conversaciones hayan ocurrido ya es una noticia enorme. Estamos hablando de dos países en guerra abierta desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán. El líder supremo, Ali Jamenei, fue asesinado el primer día. Irán respondió con misiles contra Israel y bases estadounidenses, y cerró el estrecho de Ormuz —el cuello de botella por donde transita una quinta parte de todo el petróleo del planeta. Desde entonces, el precio del barril subió más de cincuenta por ciento. La gasolina en Estados Unidos aumentó más de un dólar por galón. Países de Asia están racionando combustible. Las plantas de fertilizantes del Golfo se detuvieron, lo cual podría afectar la siembra de maíz en Estados Unidos y elevar el precio de la carne en todo el mundo. Según la Agencia Internacional de Energía, esta es la mayor interrupción en el suministro de petróleo de la historia.
Las negociaciones avanzaron en varios frentes: sanciones, reparaciones de guerra, temas humanitarios. Pero había dos nudos que nadie pudo desatar. El primero: armas nucleares. Washington exigía el fin de todo enriquecimiento de uranio, el desmantelamiento de las instalaciones principales y el retiro del material enriquecido. Eso iba más allá del acuerdo de 2015 —el mismo acuerdo que el propio Trump abandonó en 2018. Irán insiste en que enriquecer uranio es un derecho soberano y que su programa es civil. Ceder en eso equivaldría a una capitulación, y el régimen sencillamente no puede dar esa imagen.
El segundo nudo: el estrecho de Ormuz. Irán quiere mantener el control sobre el paso y cobrar peaje a los barcos —tarifas que ya alcanzaron los dos millones de dólares por embarcación, algunas pagadas en yuanes chinos. Para Washington, la libre navegación allí es innegociable.
Cuando Vance dejó Islamabad el domingo por la mañana, dijo que Irán había decidido no aceptar los términos estadounidenses y que Estados Unidos había presentado su oferta final. Trump, en redes sociales, fue más directo: todo se acordó, menos lo nuclear —el único punto que importaba de verdad.
Del lado iraní, Ghalibaf dijo que los estadounidenses no lograron ganarse la confianza de los negociadores. Araghchi afirmó que Irán se encontró con maximalismos y metas que no paraban de moverse. La verdad es que ambas partes salieron de Islamabad declarándose vencedoras de la guerra. Y ahí está precisamente la raíz del problema: cuando ninguno cree que perdió, ninguno tiene incentivo para ceder.
La respuesta de Trump llegó en cuestión de horas. Anunció que la Armada estadounidense bloquearía todos los barcos que intentaran entrar o salir de puertos iraníes. El bloqueo entró en vigor el lunes a las diez de la mañana. El petróleo Brent saltó siete por ciento y alcanzó los ciento dos dólares por barril. Analistas de JPMorgan advirtieron que los últimos cargamentos despachados antes de la guerra llegarían a sus destinos alrededor del 20 de abril; a partir de ahí, se acabaría el crudo en tránsito para amortiguar el golpe.
Irán prometió una respuesta severa ante cualquier buque de guerra que se acerque al estrecho. También amenazó con bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb, cortando el acceso al canal de Suez. Y todo esto mientras el cese al fuego —que en teoría se extiende hasta el 22 de abril— sigue nominalmente vigente. Israel no ha dejado de bombardear el Líbano. Más de dos mil civiles libaneses han muerto desde marzo. La Cruz Roja tuvo una ambulancia impactada directamente por un dron israelí este fin de semana.
El propio Trump dijo que el Líbano no está incluido en el cese al fuego. Para Irán, eso es inaceptable. En resumen: tenemos un cese al fuego que nadie respeta del todo, un bloqueo naval que puede interpretarse como acto de guerra, y una escalada que se alimenta de la convicción de cada bando de que está ganando.
Si el estrecho de Ormuz fue el escenario de la geopolítica dura este fin de semana, el otro frente se libró entre el presidente y el Papa. León XIV, nacido en Chicago, primer estadounidense en ocupar el trono de San Pedro, ha venido criticando la guerra con intensidad creciente. Durante la vigilia del sábado en la Basílica de San Pedro —mientras Islamabad aún negociaba— dijo: "Basta con la idolatría del ego y del dinero. Basta con la ostentación de fuerza. Basta con la guerra." La semana anterior, había calificado de "verdaderamente inaceptable" la amenaza de Trump de destruir toda una civilización.
Trump respondió el domingo por la noche en Truth Social. Llamó al Papa "débil con el crimen" y "terrible en política exterior." Dijo que León solo se convirtió en Papa porque era estadounidense, y que la Iglesia lo eligió para lidiar con Trump. "Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano."
El arzobispo Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, dijo sentirse "consternado." El lunes por la mañana, a bordo del avión papal rumbo a Argelia, el Papa respondió: dijo que no le teme al gobierno de Trump y que seguirá alzando la voz contra la guerra. Sobre Truth Social, comentó con un toque de ironía que el nombre mismo de la plataforma ya era bastante irónico. "No necesito decir más."
Pero la noche del domingo todavía no había terminado. Poco después del ataque al Papa, Trump publicó una imagen generada con inteligencia artificial que lo mostraba con una túnica blanca y una faja roja, imponiendo la mano sobre un hombre enfermo en una cama de hospital. A su alrededor, soldados, una enfermera, águilas y aviones militares.
La reacción vino de todos los flancos, incluidos sus propios aliados. Riley Gaines, activista conservadora y voz del gobierno, preguntó: "¿Por qué? En serio, no logro entender por qué publicaría esto." La excongresista Marjorie Taylor Greene, en otro tiempo una de las aliadas más firmes de Trump, fue más lejos: "Es más que blasfemia. Es un espíritu de Anticristo."
Para el lunes por la mañana, la imagen ya había sido eliminada. Trump dijo que pensó que lo mostraba como médico, no como Jesús. "Solo los medios falsos podrían inventarse algo así", afirmó.
No es la primera vez. En mayo de 2025, tras la muerte del papa Francisco, Trump publicó una imagen de sí mismo vestido de Papa. Este patrón importa porque revela el grado de aislamiento político que la guerra está generando: cuando figuras como Greene y Gaines critican públicamente al presidente, algo cambió en la dinámica política estadounidense.
Escenario uno: el cese al fuego se extiende y las conversaciones continúan. Es el resultado más optimista. Según CNN, funcionarios estadounidenses ya discuten la posibilidad de una segunda reunión antes del 22 de abril y evalúan extender el plazo. Si el diálogo continúa, los precios de la energía podrían haber tocado techo. Para los inversionistas, es momento de reevaluar las posiciones defensivas en energía. Para los consumidores, los precios dejan de subir, pero no vuelven a bajar.
Escenario dos: el cese al fuego vence sin renovación, pero sin ataques inmediatos. El bloqueo sigue, el petróleo se mantiene entre cien y ciento veinte dólares. La crisis se convierte en la nueva normalidad. La escasez de fertilizantes golpea las cosechas del hemisferio norte. Es un escenario de protección: energía, commodities agrícolas, oro. Para quienes viven de un salario, el panorama es de apretón: precios en alza sin fecha de retorno.
Escenario tres: escalada militar. The Wall Street Journal informó que Trump considera ataques limitados contra Irán. Si eso ocurre, Irán ha prometido cerrar por completo tanto el estrecho de Ormuz como el de Bab el-Mandeb. El Dallas Fed estima que un cierre total de Ormuz durante un trimestre reduciría el crecimiento global en casi tres puntos porcentuales. Los analistas proyectan el petróleo entre ciento setenta y doscientos dólares por barril.
No pierda de vista el 22 de abril. Es la fecha en que vence el cese al fuego. Si usted invierte, mantenga liquidez. Si compra divisas, sepa que el dólar se ha fortalecido desde el inicio de la guerra. Si trabaja en comercio exterior o en el sector agrícola, siga de cerca el costo del flete marítimo. Y si nada de esto parece aplicarle, tenga en cuenta que el precio del pan, la gasolina y el mercado en la tienda de la esquina están ligados a lo que ocurre en el estrecho de Ormuz.
Nadie sabe qué viene después del 22 de abril. Pero ahora usted sabe qué está en juego.
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