Un estudio revela que Ozempic reduce la depresión, la ansiedad y la adicción... y nadie sabe exactamente por qué - Reseña crítica - 12min Originals
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Un estudio revela que Ozempic reduce la depresión, la ansiedad y la adicción... y nadie sabe exactamente por qué - reseña crítica

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Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

Editorial: 12min

Reseña crítica

Imagínese que lleva su carro al taller para un cambio de aceite... y cuando lo recoge, descubre que el motor suena mejor, el aire acondicionado enfría más y los vidrios dejaron de empañarse. Nadie puede explicar por qué. Pero los resultados están ahí.

Eso es más o menos lo que está ocurriendo con la semaglutida... el principio activo de Ozempic, Wegovy y Rybelsus. Un medicamento creado para la diabetes tipo dos y la pérdida de peso que, aparentemente, está tocando algo mucho más profundo en el cuerpo humano... la salud mental.

En marzo de dos mil veintiséis, The Lancet Psychiatry publicó el estudio más grande jamás realizado sobre la relación entre esta clase de medicamentos y los trastornos psiquiátricos. Y las cifras son contundentes.

Investigadores de la Universidad del Este de Finlandia, el Instituto Karolinska de Estocolmo y la Universidad Griffith de Australia analizaron registros médicos nacionales de Suecia entre dos mil nueve y dos mil veintidós. Cerca de cien mil personas fueron incluidas en la muestra. Más de veinte mil de ellas habían usado medicamentos de la clase GLP uno... los llamados agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo uno. Ese nombre largo esconde un mecanismo relativamente sencillo... se trata de sustancias que imitan una hormona que el propio intestino produce después de comer.

¿Y qué encontraron los investigadores?

Durante los períodos en que los pacientes usaban semaglutida, las hospitalizaciones psiquiátricas y las incapacidades laborales por razones de salud mental cayeron un cuarenta y dos por ciento en comparación con los períodos sin el medicamento. La depresión bajó un cuarenta y cuatro por ciento. Los trastornos de ansiedad se redujeron un treinta y ocho por ciento. Y quizás la cifra más sorprendente... los problemas de consumo de sustancias, incluidos alcohol y drogas, cayeron un cuarenta y siete por ciento. Además, el estudio identificó una reducción en el riesgo de conducta suicida.

Aquí es necesaria una aclaración importante. Estas cifras no significan que Ozempic cure la depresión o la ansiedad. El estudio es observacional. Muestra asociación, no causalidad. Es decir... nos dice que estas cosas ocurren juntas, pero no prueba que una cause la otra. Es la diferencia entre notar que las personas que llevan paraguas suelen encontrarse con días lluviosos... y concluir que el paraguas causa la lluvia.

Dicho esto... cuando la asociación aparece en una muestra de casi cien mil personas, a lo largo de trece años, usando datos de un sistema de salud robusto como el de Suecia, la ciencia presta atención.

La hipótesis del cerebro hambriento

¿Qué lleva a un medicamento para la diabetes a tener efectos sobre la depresión, la ansiedad y la adicción?

La respuesta más aceptada entre los investigadores apunta a algo llamado el sistema de recompensa del cerebro. Piénselo como un circuito eléctrico en el cerebro que se enciende cada vez que algo resulta placentero... comer algo delicioso, escuchar una canción que le encanta, recibir un cumplido. Este circuito funciona principalmente con dopamina, un neurotransmisor que señala satisfacción.

En el centro de este sistema hay una región llamada área tegmental ventral, que los científicos abrevian como VTA. Desde ahí, las conexiones se ramifican hacia el núcleo accumbens, que traduce la señal de dopamina en motivación... y hacia la corteza prefrontal, que ayuda a decidir si vale la pena buscar esa recompensa de nuevo.

Resulta que los receptores de GLP uno no existen únicamente en el páncreas y el intestino. Están distribuidos precisamente en estas regiones del cerebro... el VTA, el núcleo accumbens, la amígdala, el hipocampo. Y la semaglutida, a diferencia de versiones anteriores como la liraglutida, penetra el sistema nervioso central con mucha mayor facilidad. Llega literalmente al corazón del circuito de recompensa.

Estudios preclínicos en roedores ya han demostrado que los agonistas del GLP uno modulan los niveles de dopamina, reducen la búsqueda de cocaína, anfetamina, alcohol y nicotina, y alteran la respuesta del cerebro ante estímulos placenteros. Un estudio publicado en la revista Neuroscience Applied mostró que la semaglutida no cambia la reacción del cerebro cuando anticipa el placer... pero sí aumenta la señal de dopamina en el momento en que el placer efectivamente llega. En términos sencillos... el medicamento no parece afectar el deseo, pero intensifica la satisfacción con lo que ya se tiene.

Las implicaciones son enormes. Una de las teorías más sólidas sobre la depresión sostiene que involucra un defecto precisamente en este circuito... la anhedonia, la incapacidad de sentir placer. Si la semaglutida realmente mejora la señalización de recompensa, estaría apuntando a uno de los mecanismos más profundos de la enfermedad. No a los síntomas. Al motor.

Pero existe una vía alternativa que también ayuda a explicar estas cifras. Las personas que pierden peso de forma significativa, que logran controlar su nivel de azúcar en la sangre y que sienten más energía física, naturalmente duermen mejor, se mueven más y desarrollan una relación distinta con su propio cuerpo. Todo eso mejora el estado de ánimo. Es posible que parte del efecto sobre la salud mental provenga simplemente de estar más saludable.

Los investigadores suecos reconocen que separar estas dos vías... un efecto directo sobre el cerebro frente a una mejora indirecta a través del cuerpo... es el gran reto para los estudios futuros.

La otra cara de la moneda

Antes de salir corriendo a la farmacia, es necesario mirar el panorama completo.

Primero... el estudio sueco siguió a personas que ya tenían un diagnóstico de depresión o ansiedad y que además padecían diabetes tipo dos u obesidad. No eran voluntarios sanos buscando bajar unos kilos para el verano. La población estudiada es específica, y los resultados no aplican automáticamente para todo el mundo.

Segundo... un estudio de farmacovigilancia publicado en dos mil veinticinco en la revista Clinical Nutrition, usando datos de la base global VigiBase de la Organización Mundial de la Salud, encontró señales que apuntan en la dirección opuesta. El análisis de más de dos millones de reportes de reacciones adversas identificó que la semaglutida estaba asociada con un aumento en los reportes de ánimo depresivo, ansiedad e ideación suicida en comparación con otros medicamentos antidiabéticos. El mismo estudio identificó señales preocupantes de trastornos alimentarios en las tres clases de agonistas del GLP uno analizadas.

¿Cómo es posible que un medicamento reduzca la depresión en un estudio y aumente los reportes de depresión en otro? La respuesta está en el tipo de evidencia. El estudio sueco siguió a los mismos individuos a lo largo del tiempo, comparando períodos con y sin el medicamento. Los datos de farmacovigilancia, en cambio, provienen de reportes espontáneos... cualquier médico o paciente puede reportar un efecto adverso, pero no todos los efectos adversos se reportan. Los dos tipos de estudio capturan aspectos diferentes de una misma realidad.

Tercero... los efectos secundarios del día a día son reales y relevantes. Las náuseas son el más común, y afectan aproximadamente al veinte por ciento de los usuarios en ensayos clínicos. Vómito, diarrea y dolor abdominal aparecen con frecuencia. Casos raros pero graves incluyen pancreatitis, problemas de vesícula biliar y daño renal. En pruebas con roedores, la semaglutida se asoció con tumores de tiroides, aunque aún se desconoce si ese riesgo se extiende a los seres humanos.

Cuarto... el costo. Estamos hablando de un medicamento costoso que requiere uso continuo. Los estudios muestran que cuando una persona deja de tomarlo, el peso tiende a regresar. En cuanto a los efectos sobre la salud mental a largo plazo después de suspenderlo, la ciencia todavía no tiene respuesta.

Y quinto, quizás el punto más sutil... los ensayos clínicos de Novo Nordisk y Eli Lilly excluyeron sistemáticamente a pacientes con antecedentes de depresión severa, esquizofrenia, trastorno bipolar o intentos de suicidio. Esto significa que precisamente las personas que más podrían beneficiarse de un efecto psiquiátrico... o resultar más perjudicadas por uno... no fueron evaluadas de manera rigurosa. Ya se realizó un ensayo clínico aleatorizado que probó la semaglutida oral en pacientes con depresión mayor y deterioro cognitivo. El medicamento resultó seguro en esa población y mejoró algunas medidas de cognición global, pero no alcanzó el desenlace primario de mejorar la función ejecutiva. Es un comienzo, pero está lejos de ser una prueba definitiva.

Qué hacer con esta información

Este es uno de esos momentos en los que la ciencia abre una puerta sin iluminar todavía lo que hay del otro lado. ¿Qué sabemos y qué podemos hacer ahora mismo?

Si usted ya usa semaglutida para la diabetes o la obesidad y ha notado una mejoría en su estado de ánimo... no es coincidencia, no es efecto placebo y no se lo está imaginando. Los datos sugieren que algo real está ocurriendo. Hable con su médico al respecto. Registrar esos cambios ayuda a que la ciencia avance.

Si usted no usa el medicamento y está pensando en pedir una fórmula por razones de salud mental... vaya con calma. No existe aprobación regulatoria para ese uso. Novo Nordisk tiene un programa de fase tres para la semaglutida en depresión mayor en curso, con datos esperados para finales de dos mil veintiséis. Hasta entonces, usar Ozempic como antidepresivo es manejar con las luces apagadas.

Si usted es profesional de la salud... el mensaje del estudio sueco es claro. Quien prescribe semaglutida para diabetes u obesidad debería estar monitoreando la salud mental. Y quien trata la salud mental debería preguntar si el paciente está usando un agonista del GLP uno. Hoy, la medicina general formula por un lado y la psiquiatría hace seguimiento por otro, muchas veces sin comunicarse entre sí. Esa brecha entre las dos especialidades es exactamente donde se pierden las señales adversas.

Para los inversionistas y quienes siguen el mercado farmacéutico... la carrera ya empezó. Si la semaglutida o sus competidores demuestran eficacia psiquiátrica en ensayos clínicos controlados, estamos hablando de un mercado que podría multiplicarse varias veces. La depresión es la principal causa de discapacidad en el mundo. Pero cuidado con la euforia prematura. El camino entre un estudio observacional prometedor y la aprobación regulatoria es largo, costoso y lleno de giros.

Y para todos nosotros... este estudio nos recuerda algo que la medicina ha venido redescubriendo poco a poco. Cuerpo y mente no son departamentos separados. Una hormona intestinal interfiere con la dopamina en el cerebro. El peso afecta el ánimo. El ánimo afecta el peso. La misma molécula que controla el azúcar en la sangre podría estar recalibrando el sistema que nos hace sentir placer y motivación.

La semaglutida tal vez no sea el medicamento del momento. Tal vez sea el comienzo de una nueva forma de entender cómo la salud metabólica y la salud mental están conectadas. Y eso, independientemente de lo que pase con Ozempic, ya es un descubrimiento que cambia la conversación.

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